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Periódico digital de la zona noroeste de la Comunidad de Madrid. Información general, articulos, opinión y actualidad municipal de Hoyo de Manzanares


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EL CORTIJO DIGITAL, 28 de diciembre de 2004

La nevadita, Fernández de la Vega y la Acorazada Brunete nº1

(*) ANTONIO CABRERA


Mira que lo habían avisado. En Navidad, una ola de frío polar -ártico por más señas- atravesaría de norte a sur España -perdón, quiero decir el Estado español- con sus inevitables secuelas de nieves, vendavales y hasta de pedrisco.

Todos los medios de comunicación habían alertado a los conductores. Protección Civil -todas las Protecciones Civiles del Estado, Autonómicas y Locales- junto a todos sus servicios transversales y comunicantes, Policía y emergencias, lo habían advertido. Incluso en un rasgo rayano en lo heroico, habrían tratado de disuadir a los potenciales viajeros, como si viajar con tan intempestivos pronósticos climatológicos ejerciera una atracción fatal sobre los automovilistas, transformándoles en improvisados papás Noel que, de repente, hubieran decidido subirse a sus trineos y echarse a la carretera en busca de nuevas emociones.

Y los ciudadanos, desoyendo tan atinados consejos, decidieron viajar en Navidad. Unos por obligación o razones de trabajo, otros como profesionales del volante. Incluso los hubo que optaron por viajar para compartir la Nochebuena con sus amados progenitores, o con su querida tía Concha, la de Quintanilla de Somoza, provincia de Burgos. O para disfrutar del ambiente navideño que Albert-Akenatón-Ra -más conocido como Ruiz-Gallardón I- les había arrebatado en la capital del reino, quitándoles villancicos, portales de Belén, el Niño, la Virgen y San José y hasta campanas, ríos relucientes como espejos y pastores con sus rebaños.

Todos, bueno la mayoría, iban pendientes del temporal de viento y nieve. Con sus cadenas, sus mantas, su termo con bebida caliente, y su teléfono móvil a punto, como habían recomendado por la radio y la televisión. Confiaban también -craso error- que de suceder algo extraordinario estarían amparados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de las diversas nacionalidades y regiones que configuran la España plural, con perdón otra vez por la expresión. Ahí es nada. 8.000 guardias civiles para auxiliarles y atenderles en caso de necesidad, como cansinamente reitera la DGT cada vez que hay una operación salida. Además, en su mayoría, se trasladarían por la autopista A-1 Madrid-Burgos -de peaje para más inri-, lo que les daba un plus de seguridad casi absoluta.

Y ocurrió lo que la naturaleza había previsto. Nevó un poquito. Dos palmos de nieve. Tres a todo lo más, y se organizó la de Dios es Cristo en las cercanías de Burgos. Total 9.000 viajeros atrapados hasta diez horas junto a sus 3.000 vehículos. Frío, hambre y sueño. De los 8.000 guardias civiles, 7.999 estaban “missing” porque, al parecer, les había convocado en Madrid Pere Navarro, todavía director general de Tráfico, para felicitarles las Pascuas. El agente que faltaba parece que se encontraba en el puerto de Somosierra felicitando, muy cariñoso, la Navidad a los viajeros que emprendían viaje. Las máquinas quitanieves, si es que las hubo alguna vez, se habían perdido con la nevada y no aparecían por ningún sitio. Cuando los automovilistas llegaban a los controles de peaje, les cobraban, faltaría más, pero no les avisaban que al otro lado la autopista ya estaba cortada por la nieve. Una trampa mortal para los confiados conductores. Aún se está investigando qué fue mayor, si la falta de escrúpulos de la empresa concesionaria de la autopista, o su desidia en la conservación y mantenimiento de la vía.

Lo de las protecciones civiles -auténtico enjambre de empleados públicos perfectamente incompetentes y prescindibles-, es de aurora boreal. Celia Abenza, todavía directora general de Protección Civil -rama Estado español- culpa del desastre a los automovilistas. En lugar de pedir perdón, avergonzada, ha tenido la osadía de acusarles del colapso circulatorio y vial porque “un 70% no llevaban cadenas”, afirmó como si fuera cierto ante la televisión pública.

Mientras tanto, Zetapé aclaraba conceptos y arrojaba luz sobre los hechos desde su puesto avanzado en La Moncloa. No hubo imprevisión como habría ocurrido con el Gobierno de Aznar, enfatizó el presidente. La maquinaria del Estado funcionó como un mecanismo de precisión. Profundamente eficaz y perfectamente sincronizados, los organismos involucra-dos en el operativo funcionaron a la perfección. El Gobierno socialista había garantizado “el tránsito en libertad por las carreteras del Estado”, Zapatero dixit.

Magdalena Álvarez -la hábil ministra de Fomento que utilizó este verano un helicóptero del Ejército para desplazarse al palacio de congresos de Sevilla y hubo que cortar una farola porque no había espacio suficiente para que aterrizase- no pudo estar al frente del operativo porque, según informó el presidente Rodríguez, estaba atrapada en el caos circulatorio. Otros dicen que se refugió en su casa, incapaz de hacer algo positivo. Casi mejor.

Por eso le tocó dirigir la operación a FEVE (Fernández de la Vega), coordinando las labores de rescate desde su puesto de mando en la vicepresidencia del Gobierno. Al final tuvo que ordenar la salida de la División Acorazada “Brunete nº1” para rescatar a los cabreados, ateridos y hambrientos viajeros. Protección militar versus desprotección Civil. Como siempre. O sea.


[Ver publicación en COLUMNISTAS - PERIODISTA DIGITAL]
[Ver publicación en EL VIGÍA - MADRID PRESS]
[Ver publicación en EL RISCO DE LA NAVA]
[Ver publicación en EL UNIVERSO DE MADRID]

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EL CORTIJO DIGITAL, 27 de diciembre de 2004

Pasodoble «Banderita» (Las Corsarias)
(Banda de Guerra de la Brigada de La Legión "Rey Alfonso XIII")



Para corresponder a la iniciativa de Spanish Expatriates sobre la Bandera Española, os adjunto el pasadoble "Banderita" en versión original interpretada, nada más y nada menos, que por la Banda de Guerra de la Brigada de La Legión "Rey Alfonso XIII".

Para la descarga, hacer click con botón derecho del ratón y eligir opción "guardar como"

Que lo disfrutéis :-))


Pasodoble «Banderita» - Banda de Guerra de la Brigada de La Legión Rey Alfonso XIII


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EL CORTIJO DIGITAL, 23 de diciembre de 2004

De carrefoures y prycas

(*) ANTONIO CABRERA


En estos días de euforia consumista es cuando más quedan con el culo al aire ciertos hipermercados -o grandes superficies- como algunos denominan a estos centros comerciales como si fueran las estepas rusas o los llanos de La Mancha.

Según nos dicen, el éxito de estos centros reside en la amplitud de su oferta, la relación calidad/precio de sus productos y el servicio que ofrecen a sus clientes. Sin analizar ahora los dos primeros aspectos, el servicio y la atención en ciertos "hiper", y muy en particular en algunos de origen francés, cuyo nombre empieza por Carre y termina por four -antes llamados Prycas- alcanzan las más altas cotas de la mediocridad y el abandono.

No sé si será consecuencia de insatisfacciones laborales, de contratos precarios, o simplemente, producto de la ineptitud de su departamento de recursos humanos, pero lo cierto es que en las pocas secciones donde no hay autoservicio, la atención que nos prestan resulta escandalosamente deficiente.

Por ejemplo, si tras un ejercicio circense en busca del respectivo "vendedor" tiene Ud. la fortuna de encontrarle, no pierda el tiempo preguntándole -si es que está en la sección de librería-, por determinado autor, por muy conocido que sea. No indague en la sección de informática sobre las características de cierto ordenador, o de determinado software y, desde luego, ni se le ocurra que le aclaren algo en la jungla de las secciones de audio, televisión o video.

Le tratarán como si fuera un extraterrestre. No solo no sabrán responder a sus tímidas preguntas, sino que le mirarán como dicen que las vacas ven pasar el tren. Con más indiferencia que asombro, porque estos "vendedores" parecen tener muy claro que a sus centros los clientes van, compulsivamente, a comprar. Y que si uno no compra, ya comprará el siguiente. Por eso no tienen la obligación de vender. O sea, que no están allí para informar, aclarar o atender a los clientes. Como creen a pies juntillas en el pronombre reflexivo, suponen que es el propio comprador el que debe informarse, aclararse y atenderse. Y que después, el susodicho, tendrá la maestría suficiente como para localizarles -tarea a veces agotadora- y hasta para animarles a que les cobren el importe de su compra. Así las cosas, el consumidor no compulsivo se marcha iracundo, acordándose de la madre de todas las grandes superficies y con mucha nostalgia de la pequeña tienda que había en su barrio. O del Corte Inglés.

Lo de la Caja Central en alguno de estos carrefoures -como en el de Las Rozas- es otro poema épico. Imagínense la situación. Compras de Navidad. Carro lleno. Cajera que se confunde -quizás sean las mejores y más sacrificadas trabajadoras de estos centros- y te cobra un artículo doce veces. Lo detectas en el ticket y lo reclamas. Como ya te ha cobrado, se comunica con la Caja Central y les explica su error. Tras la correspondiente cola, tirando del carro llegas a la ventanilla. En una mano el ticket de compra, en la otra el producto "repetido", y en la boca la tarjeta de cr?dito. Y justo al frente, tras la ventanilla -a la defensiva y con cara de muy pocos amigos-, te acecha una señorita, rubia por más señas.

Educadamente le reiteras el error -te han cobrado casi 200 euros de más- como ya le ha explicado por el telefonillo su compañera, mientras le muestras el ticket con la anotación que ha manuscrito la cajera. Es lo mismo. Comienza una larga letanía de preguntas estúpidas sobre las botellas de leche, las botellas de sidra y los paquetes de arroz que llevas en el carro. Te acorrala. Te interroga como si fuera un miembro de la Gestapo. ¿Y cuántos yogures lleva?, insiste implacable. Te sientes impotente. No sabes qué más hacer para demostrarle que es verdad, que su compañera se ha equivocado. Te revoluciona el carro; te atormenta. Te cabreas. Solo entonces -aunque sin el menor amago de disculpa y con frialdad anglosajona-, te hace el favor de devolverte el importe de lo que indebidamente te ha cobrado. Claro que el tiempo perdido y el berrinche -que también son tuyos-, ni aunque se lo pidas a los Reyes Magos los recuperas.


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VISTAZOALAPRENSA.COM, 17 de diciembre de 2004
EL CORTIJO DIGITAL, 20 de diciembre de 2004


Querida señora

(*) OSCAR MOLINA


“ A mi hijo no le ha matado una raza ni una religión, a mi hijo le ha matado el odio asesino que han sido capaz de inculcar en corazones mesiánicos, Aznar, el trío de las Azores, ese odio ha matado a mi hijo y a 190 trabajadores que son nuestra clase, no lo olvidéis, los nuestros, que también caen en Irak, en Palestina y que caen donde muere un trabajador, ellos también son nuestra clase, sólo nos han cambiado un dolor solidario por un dolor real. Perdonadme, pero lo siento con el corazón y os lo tenía que decir".

“La comisión ha sido decepcionante y absolutamente irrespetuosa con las víctimas... Tenemos claro desde hace tiempo que nosotros cerrábamos el turno de comparecencias. Vistos los resultados, alargar en el tiempo la comisión no merece la pena, ya que a las víctimas nos haría más mal que bien. No parece probable que se sepan más cosas en ese foro".

“A las 7 y media de la mañana del 11 de marzo los fascistas que han venido a provocarnos no iban en los trenes, les llevaba a clase su papá en el Audi”

Pilar Manjón. Representante de la Asociación de Víctimas del 11-M.

Querida Señora:

ME he pensado mucho si escribir o no esto, ante el temor de que fuese interpretado como una desconsideración a su dolor, o como un despecho político. Prefiero jugar al trapecio sin red y dejar al juicio del lector si acierto o no. Si triunfo o fracaso en mi intención de que el enorme respeto y afecto que mi corazón siente por todas las víctimas del terrorismo, queden nítidamente deslindados de los reproches a los que ese mismo corazón me obliga.

Señora, su hijo murió víctima del acto más cobarde e inhumano que hasta la fecha se haya cometido en suelo español. Aquella ignominia que sacudió a toda España y al Mundo entero, no fue una catástrofe, no fue un accidente, fue un asesinato colectivo cometido por unos fanáticos, seguidores de un Credo que algunos se empeñan en interpretar en clave dominadora. Una doctrina religiosa que se lleva al extremo de someternos por la vía de la muerte, de su muerte, de la mía o de la de su hijo, lo mismo da. Los que mataron a Daniel y a 191 personas más, los que sembraron Madrid de desolación, dolor y sufrimiento sin límites tienen nombre y apellidos, y Vd. y muchos otros yerran al invocar identidades, autorías y responsabilidades.

No fue Aznar quien los mató Señora, su acto terrible no necesitaba causas, sino objetivos. Fue su odio asesino, sí, pero ese odio no se lo inoculó nadie desde España. Les vino por la vía del ardiente verbo de unos cuantos megalómanos que creen a pies juntillas aquello que dice el Corán: “No sois vosotros quien los matásteis, Dios los mató”. Para creer esto, o eso otro de “Matadlos hasta que no haya persecución, y en su lugar se levante la Religión de Dios”, no hace falta que nadie te inocule nada, porque ese odio asesino que se llevó a su hijo está latente en esas palabras, no necesita de provocación, ni servirse de excusa alguna. Está ahí, y alimenta la causa de quienes dan a nuestra vida el nulo valor que tiene en el mercado de su aberrante lucha.

No quiero ser tan torpe de decirla que entiendo cómo se siente, ni tan vanidoso como para creer que puedo entender su dolor, pero sí quiero expresarle que comprendo que todo es más fácil cuando se encuentra a un culpable, alguien a quien señalar y a quien poder cargar la factura de nuestra pérdida irreparable. Hágalo, pero apunte mejor Señora, porque por lo menos en lo que a mí toca, no voy a sentir ni el menor complejo de culpa moral por lo sucedido. No crea Vd. que no lo he pensado Señora, pero ni a base de hacer tanto ruido, provecho cierto de unos cuantos, van a conseguir que mi conciencia se tambalee por haber apoyado y seguir apoyando la Guerra de Irak. Y se lo digo, porque todas las proclamas altisonantes, todas las manos alzadas, los insultos, todas las piedras, los huevos, las manos pintadas de rojo y los brillantes artículos de opinión no iban sólo dirigidos a un Gobierno ni a un partido. Señalaban a media España, un buen puñado de ciudadanos que tenemos todo el derecho del Mundo a creer que al Terrorismo se le vence con firmeza. Que sabemos que enfrentarse a la Bestia puede tener un precio, y lo asumimos. Y no me venga Vd. con que a mí no me han pasado la letra, porque de sobra sabe que a quién hacen acreedor estos hijos de puta no lo decidimos ni Vd. ni yo.

No juegue a dividir, Señora, no caiga en la fácil tentación demagógica de vestir a los muertos con un mono grasiento y las manos agrietadas. Sano es el “Divide y vencerás”, ya que su determinación de vencer en algo me parece inequívoca; pero no practique el “Divídenos y Vencerás”, porque eso sólo es vergel para los que mataron a su hijo. No califique a los asesinados por su condición de trabajadores, pues eso no añade a su asesinato ni una pizca más de la tremenda injusticia y maldad que ya contiene. Su hijo no es, lamentablemente, la última víctima del Terrorismo que lloraremos en España, puede estar segura, pero Vd. sabe que no es la primera, y las que le precedieron merecen nuestro recuerdo y homenaje. Antes que él, han sido vilmente asesinados Empresarios, Militares, Guardias Civiles, Policías, niños y una tenebrosa retahíla de inocentes que cayeron víctimas de quienes les consideraron pérdida aceptable para la consecución de sus fines. De quienes no necesitan causas porque primero disparan y luego preguntan, primero matan y después nos dicen por qué lo hicieron, primero siembran dolor y luego acaban encontrando la causa del mal que comenten. Fíjese qué poco les importó a ellos la condición, edad y cualquier otra circunstancia de quienes iban en esos trenes.

No se regodee en vetustas invocaciones de clase que un día sirvieron a fracasadas revoluciones, para volver a reeditar el tajo; la partición entre quienes, no lo dude, estamos en la misma trinchera, por más que la vehemente voluntad de separar con objetivos políticos ciertos, nos coloque en la de enfrente. No se complique, Señora, los que mataron a su hijo querían cambiar nuestro Gobierno. Empiece a buscar por ahí, y se dará cuenta de que la capacidad adquisitiva de las muescas que hay en sus siniestras culatas les traía al pairo. Estos cabrones no eligieron a su hijo, ni a ninguno de los que con él murieron. Lo mismo les daba Daniel que yo, su hijo que el mío. Su diana no estaba en ningún carné de identidad, estaba centrada en objetivos que para ellos son más altos que la vida de nadie, incluida la de su hijo, quien si me lo permite, era de los míos. De los míos, Señora, porque era un ser humano y una persona de Paz, no por su condición de asalariado, y sólo espero que si mañana la ruleta de estos malnacidos saca mi número, vuelva Vd. a decir que han matado a uno de los suyos.

Y mire, Señora, mire con ojos generosos y verá que todo lo que parecía tan claro al calor de la tragedia ya no lo es tanto. Verá que nadie ha sido capaz de demostrar las jaleadas mentiras que sacaron a lomos de la ira a un montón de españoles a la calle. Verá que en esa Comisión en la que Vd. dice no confiar han mentido algunas personas, han ocultado información y cometido perjurio algunos comparecientes. Verá que los culos al aire pertenecen a gente que testificaba a favor de las tesis de quienes alcanzaron el Poder después de la matanza, y que esos culos se sentaron en la Comisión porque fueron llamados por ellos. Y si apelo a su generosidad es porque somos muchísimos, mayoría, los españoles que no deseamos que se dé carpetazo a esa Comisión cuya labor Vd. ningunea. Muchos los que quisimos saber entonces, y seguimos queriendo saber, mientras que los que tanta ansia de Verdad mostraron a voz en grito con música de cacerolas se oponen ahora a que declaren confidentes y traficantes de explosivos cuya importancia minimizan, pero cuya aparición en escena les ha obligado a cesar a responsables de la Guardia Civil. No ponga Vd. otra piedra en el tabique de clausura, por favor.

Y por último Señora, no alimente coartadas. No busque Vd. más causas al asesinato de su hijo que la vocación asesina de quien le mató. No haga Vd. ese favor a los genocidas, ni les ahorre el fastidio intelectual de encontrar un torpe agravio que justifique lo injustificable. Ninguna razón tenían para matar a doscientos madrileños, ninguna para asesinar en Manhattan, ninguna para cegar el porvenir de tantos niños en Osetia, pero lo hicieron. No haga mecánica habitual que ellos maten, nosotros pongamos los muertos y además les brindemos sus razones. Sólo se lo pido, o si lo prefiere se lo ruego, porque al que mataron fue a su hijo y yo no me siento autorizado a más. Pero sepa Vd. que si mañana mataran al mío, y oyera de su boca semejantes justificaciones a sus asesinos la buscaría hasta encontrarla, para expresarle la indescriptible repugnancia que me produce que alguien pueda hallar peregrinas motivaciones a que me quiten lo que más quiero, de la forma más cobarde y cruel.

Reciba un saludo Señora.


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EL CORTIJO DIGITAL, 15 de diciembre de 2004

Ruiz-Gallartón I
(El Faraón hereje)

(*) ANTONIO CABRERA


Albert-Akenatón, Albert-Akenatón-Ra o Albert-Ajenatón-Ra, también conocido como Ruiz-Gallartón I, Faraón del Alto, Medio y Bajo Manzanares nace en la capital del imperio el año 1958 (D.C). Lamentablemente, el estado actual de la investigación histórica nos impide ofrecer una visión, siquiera parcial, de la doctrina de Albert-Akenatón porque, a fecha de hoy, sigue siendo un misterio filosófico insondable. Nadie sabe donde se ubica realmente su filosofía política, lo que constituye uno de los arcanos más profundos de la politología.

Lo que sí sabemos es que Ruiz-Gallartón I -perfecto conocedor de la gramática sumeria, caldea, persa, babilónica, arábiga y latina- fue el faraón apóstata y hereje que derribó de su pedestal a todos dioses populares, pasando del politeísmo centrista y popular -hasta entonces imperante- al monoteísmo progre y jeroglífico. Sólo un dios: Albert-Akenatón-Ra, el Dios Viviente. La historia de las tierras bañadas por el Manzanares puede resumirse en dos etapas: antes de Albert-Akenatón y después de Albert-Akenatón. Con Él ya nada fue igual. Bajo su égida, las estructuras políticas, económicas, sociales y artísticas del Alto, Medio y Bajo Manzanares cambiaron radicalmente.

El reinado de Albert-Akenatón, caracterizado por sus grandiosas construcciones capitalinas y sus abusivas subidas de impuestos a los madrileñitas, rompió definitivamente con el gobierno de anteriores faraones de la II Dinastía de La Gaviota, en especial con el de su predecesor, Alvarofis Ptolomeo Manzanae que, según sabemos, se caracterizó por su humildad y la moderación en el gasto público, bajo el lema “más ladrillos con menos impuestos”.

Por el contrario, la primera medida que adoptó Ruiz-Gallartón I al ocupar el Trono fue una subida generalizada de impuestos a los madrileñitas, con el fin de recaudar mil millones de euros más que Alvarofis Ptolomeo Manzanae. Especial virulencia alcanzó la subida del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), tributo que pagaban los siervos al faraón por tener una vivienda en propiedad, creciendo un 25% con carácter general y hasta un 50% para las viviendas presuntamente desocupadas.

Estos hechos causaron una gran conmoción entre los escribas independientes del Imperio, y una indescriptible aflicción entre sus súbditos, que se sabían condenados a trabajar, de sol a sol, hasta el año 2012 (D.C) para costear las muchas y faraónicas obras con las que Ruiz-Gallartón I quería perpetuar su nombre, preparar su desembarco en el Reino del Más Allá, navegando a través de los Grandes Juegos, y rodearse de la magnificencia y el esplendor dignos de su condición divina. A tal fin, Albert-Akenatón ordenó instalar su residencia junto a la estatua de la diosa Cibeles, en el Templo de las Comunicaciones, haciéndose acompañar por más de 300 sacerdotes, consejeros áulicos y escribas de su entera confianza que, día y noche, rendían culto al Dios Viviente y cantaban sus alabanzas.

Esta decisión impresionó mucho a otros faraones de territorios vecinos, como los de Leganés, San Fernando de Henares y Alcorcón -pertenecientes al impropiamente denominado cinturón rojo de la capital del Imperio- que, de inmediato, se dispusieron a seguir su ejemplo. Sin embargo, muchos madrileñitas no pudieron resistir tanta presión fiscal y algunos, los más débiles, se cortaron las venas. Otros, la mayoría, oraban a Osiris -dios de la Gaviota y rey de la Eternidad- para que Isis, su esposa -gran sacerdotisa de Asuntos Sociales en la corte de Albert-Akenatón y madre de todos los dioses-, intercediera por ellos y les bajara los impuestos.

Sus súplicas no fueron escuchadas y entre un llanto y crujir de dientes espantoso, los impuestos generalizados, como plagas bíblicas, diezmaron a la población madrileñita. Según las investigaciones más recientes, todo apunta a que aquellos hechos fueron el origen del ocaso, y posterior desaparición, de la II Dinastía de la Gaviota.


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EL CORTIJO DIGITAL, 13 de diciembre de 2004

Impresiones de urgencia: Zaplana vs Zapatero

(*) ANTONIO CABRERA


Se han cumplido los peores augurios de pacto. Después de cinco horas seguidas de interrogatorio, Eduardo Zaplana ha sido incapaz de desenmascarar a ZP como directo beneficiario político de la matanza del 11-M y responsable de la persecución, acoso y derribo del partido popular tras la masacre. Blando y contemporizador, ha olvidado el clamor social que exige justicia para la víctimas y reclama toda la verdad del 11-M. Tras la aplastante victoria de Aznar, parece que en el PP ya se dan por satisfechos. Todo aparece pactado. Pepiño y Rubalcaba se ocupan de trasladar a los medios la imagen de seguridad y moderación diseñada para arropar la comparecencia de Zapatero ante la comisión de investigación.

Como anunció ayer Rajoy, Zaplana ha amagado con hacer públicos los nombres de los jerifaltes socialistas que movilizaron las manifestaciones ante las sedes del PP. Pero no se ha atrevido a hacerlo. En su lugar, le ha dicho al presidente que le pasará la relación de los agitadores para que la conozca. Si es cierto, y la oculta, vergonzoso. Y si es mentira, mucho peor. ZP ha salido indemne, y hasta reforzado, tras el interrogatorio de Zaplana.

Mientras que escribo estas líneas, tras la última pregunta -amable y almibarada despedida de Zaplana-, Rodríguez Zapatero ha sacado las garras que astutamente había escondido durante todo el interrogatorio. Por primera vez tras cinco horas, cuando ya no podría haber réplica, el presidente del Gobierno no ha leido, ni se ha andado por la ramas. En unos minutos ha remontado el partido y de un zarpazo se ha cargado a un sorprendido Zaplana. Lamentabilísima intervención del portavoz popular. Falta confirmar si su medida timidez habría sido una estrategia pactada.


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(EL CORTIJO DIGITAL, 13 de diciembre de 2004

La «pájara» de Rajoy

(*) ANTONIO CABRERA


Dice el refrán que dura poco la alegría en la casa del pobre. Eso creo yo que le pasa al PP nacido de las urnas del 14-M. Y no precisamente por escasez de votos, militantes o valía de sus dirigentes. Me refiero, sobretodo, a la pobreza de espíritu de muchos de sus responsables políticos. A la falta de coraje que derrochan para afrontar sus deberes de oposición. Es el conocido complejo de la derecha que comienza por no asumir su ubicación política, o lo hace a regañadientes.

Lamentablemente para los populares, la gran dosis de euforia y autoestima que José María Aznar les proporcionó tras su comparecencia en la comisión de investigación del 11-M, les ha durado lo justito. Solo ha sido un subidón. Un despilfarro, después de lo que ha tenido que bregar José María Aznar hasta comparecer ante la comisión -que él solicitó-, y las enormes facilidades que los desatinos del Gobierno de Rodríguez le han dado a Rajoy estos días para que pudiera consolidarse como verdadero líder de la oposición.

El ex presidente Aznar arrastra su cruz desde el mismo día de los atentados. Y sobre todo desde la noche electoral, cuando la cúpula de su propio partido -nunca la militancia- le responsabilizó de la derrota electoral. «¡Tú y tu guerra!» Rajoy dixit. Luego vinieron las estrategias propias y las del contrario. El anuncio de Rajoy de una oposición «divertida y dialogante», lluvia fina y buen rollito. Casualmente la clase de oposición que bondadosamente deseaban ZP y Rubalcaba desde el Gobierno socialista. La misma, exactamente, que aconsejaban a Rajoy los más avezados analistas políticos, de un bando y otro, pero con el común denominador de su desprecio a Aznar. O sea, pasar página. Archivar la verdad de los atentados del 11-M. Crucificar al ecce homo Aznar como ofrenda expiatoria de la masacre terrorista. Desprenderse del ex presidente como una carga insoportable que amenazase el proyecto popular y su futuro como alternativa de Gobierno. Lo contrario sería la liquidación del liderazgo de Rajoy, instalar la crispación en la política española y la vuelta al monte del Partido Popular. Palabrita de Rubalcaba.

Salvo honrosas excepciones, todo en Aznar era visto como arrogancia, vileza, deslealtad o mentira contumaz. Le querían sordo, ciego, mudo y manco. Si visitaba a Bush, si era candidato a la medalla del Congreso de los EE.UU, si daba una conferencia en la universidad de Georgetown, clamaban contra él zapateros y rubalcabas, cebrianes y polancos. Si escribía un libro, si se atrevía a dar su opinión en unos cursos de verano -y hasta si mostraba sus reservas al proyecto de Constitución Europea-, se desataba el frenesí entre los jerifaltes de su propio partido. Como sería el consenso, que hasta Jiménez Losantos tronaba en la COPE para que se tomara varios años sabáticos y se fuera con su mujer a EE.UU, dejara definitivamente la política y no enredara más en su partido. Rajoy se comportó con Aznar como Bruto con Julio César. ¿Es que ya nadie tiene memoria?

Afortunadamente para el PP, sus militantes -como en casi todos los partidos- valen mucho más que la mayoría de sus dirigentes y en el XV Congreso Nacional obligaron a la dirección a cambiar de rumbo y rehabilitar la figura y la gestión de José María Aznar, nombrándole presidente de honor de su partido.

Junto al empujón de Aznar, el cúmulo de despropósitos del PSOE durante las últimas semanas colocaron a Rajoy en inmejorables condiciones para afianzar su liderazgo. El bochornoso idilio de ZP con el zafio caudillo venezolano; las esperpénticas declaraciones de Moratinos acusando al ex presidente Aznar de golpista; el doloroso tiro en el pie que se pegó Bono al «denunciar» a Trillo por formalizar pólizas de seguro millonarias cuando fueron suscritas en el 91 por Virgilio Zapatero y renovadas por el beatífico Rubalcaba -sin saberlo, pobriño- cuando era ministro de González; el vergonzante patinazo del Gobierno socialista culpando a la Conferencia Episcopal y a la COPE por los contenidos de la web satírica de unos chavales. Y sobre todo, la escandalosa consumación del asalto al poder judicial -amparada por la sectaria y antidemocrática actuación del presidente del Congreso, Manuel Marín- determinó el abandono del Congreso del grupo parlamentario popular. ¡Si no rectifican ya no habrá la menor cooperación con el Gobierno!, declaró con moderada solemnidad Rajoy. Ni en la reforma de la Constitución, ni de los Estatutos, ni en nada, salvo en el Pacto contra el terrorismo, remachó Zaplana.

Los socialistas sonrieron escépticos. Conocían bien el paño. Días después Mariano Rajoy anunciaría su apoyo sin fisuras a la Constitución Europea. Para continuar su implacable labor de oposición había anunciado que durante la comparecencia de Zapatero en la comisión del 11-M, su partido «podría desvelar» los nombres de los jerarcas socialistas que protagonizaron el 13 de marzo la jornada de protestas ante las sedes del PP. Pero no lo hizo. Increíble, pero cierto.

La guinda la volvió a poner Rajoy en la clausura del Congreso del PP en Álava, donde tras pedir al Gobierno -con enorme firmeza, naturalmente-, que tuviera comportamientos «verdaderamente democráticos», manifestó contundente que su partido votaría a favor del «Código por el Buen Gobierno del Gobierno», cuyo borrador fue aprobado por sorpresa en un reciente Consejo de Ministros. «Aunque sea pura propaganda, no vamos a votar en contra de un proyecto de ley que diga que está prohibido robar y que hay que ser buenos, elegantes, amables y cariñosos», explicó mordaz el líder del PP. Los votantes populares alucinan. Los más optimistas piensan que Mariano Rajoy, buen aficionado al ciclismo, está atravesando una «pájara». Es la única esperanza.


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(EL CORTIJO DIGITAL, 10 de diciembre de 2004

Aznar es marxista

(*) ANTONIO CABRERA


Algunos, como en la fábula del escorpión, no pueden evitarlo. El impulso irrefrenable de inocular veneno va en su carácter. No les importa que con ello se ponga de manifiesto la vileza de su condición que busca, por encima de todo, el aniquilamiento del adversario, presa inocente de las inclinaciones de su carácter.

Claro que si la presunta víctima responde y pone en fuga a la variada fauna de artrópodos y reptiles que se disputaban la pieza antes de cobrarla -sin olvidar la inevitable comparsa de aulladores y carroñeros, ineludibles en toda cacería- aquí se arma la de Dios es Cristo. O sea Aznar y la crispación.

La serenidad y temple de José María Aznar ante las tarascadas de sus oponentes en su comparecencia en la comisión de investigación del 11-M, se ha podido ver -pese a los esfuerzos de la camarada Cafarell- en toda España. Una imagen vale más que mil palabras y eso, a algunos, les ha puesto de los nervios. Si la grabación de la sesión se comercializara en DVD, seguro que batiría récords de ventas. Buen regalo para estas Navidades.

Once horas de comparecencia ratificaron, en directo, lo que todos los españoles de buena voluntad ya sabíamos. Que ni Aznar, ni su Gobierno, nos mintieron. Que ni Aznar, ni su Gobierno, fueron culpables de la terrible masacre del 11-M. Que ni Aznar, ni su Gobierno, instrumentalizaron en su beneficio la tragedia. Y, por supuesto, que ni Aznar, ni su Gobierno, ni el PP, ni sus votantes, son una partida de asesinos, canallas y terroristas, por mucho doberman que ladre, feroz, desde la calle o desde el Congreso.

En vista de que pintan bastos, desde esa izquierda con un siglo de pedigrí marxista en las costillas -hasta que Felipe González les aflojó el yugo-, ahora se nos habla de consignas y eslóganes, de leninismo en el PP, de Mao, de dogmas, de hoces y martillos, a propósito de Aznar, los atentados del 11-M y la guerra de Iraq. Ya no saben qué inventar. La descojonación, siquiera como metáfora. El mundo al revés. Su cinismo, y su refinamiento en la manipulación de la verdad, es tal que la invocan mientras planifican su secuestro. Pretenden que una verdad, mil veces repetida, llegue a dejar de serlo. Muñidores de la mentira, inasequibles al desaliento, buscan la cuadratura del círculo. Ensayan el malabarismo dialéctico de repudiar como consignas viles y falaces las verdades que, a sabiendas de que lo son, niegan porque descubren las cartas marcadas de su juego tramposo. Otra forma de escupir al cielo.

Maestros de insidias, ellos sí, secuestradores de la verdad -una tradición centenaria avala su maestría en el oficio- hacen preguntas retóricas cuyas respuestas conocen de antemano. Insultan la inteligencia de los ciudadanos, ajenos a su rebaño político. Incluso la de quienes no pertenecen a ninguno. Niegan evidencias, ignoran hipótesis, levantan barricadas a la verdad, la cercan con fosos, vetan comparecencias, y dentro de unos días, pretenderán cerrar una comisión de investigación que no han podido eludir y que puede devorarlos. Pero todo será inútil. La terrible espiral de la verdad ya es imparable.


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