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(EL MUNDO, 28 de marzo de 2004)

Pérez Rubalcaba y la «mano negra» del 11-M

(*) JESÚS CACHO


Diluido el resplandor de la victoria electoral del 14-M, el nuevo Gobierno Zapatero se enfrenta, entre otras cuestiones no menores, a la necesidad de dar respuesta a algunas preguntas esenciales que los españoles no pueden dejar de hacerse sin renunciar a su condición de ciudadanos libres: ¿Quién está realmente detrás de la masacre de Madrid? ¿Quién es la mano negra del 11-M?

Dice Stefan Zweig en el prefacio de su Fouché, retrato de un hombre político que «en la esfera de poder de la política, raras veces deciden las figuras superiores, los hombres de ideas puras, sino un género mucho menos valioso, pero más hábil: las figuras que ocupan un segundo plano». Reconocido como uno de los tres grandes diplomáticos de la Revolución Francesa -con Talleyrand y Sieyés-, Fouché fue capaz de pasar como un rayo de sol a través del cristal de la Revolución, el Directorio, el Consulado, el Imperio y la Monarquía. Parapetado tras una autodisciplina férrea y una espartana renuncia a todo lujo o boato, cruel con los enemigos y servil con los poderosos, sin sentimientos, sin escrúpulos, Fouché desplegó siempre una enorme capacidad para desaparecer en las tormentas y volver a reaparecer al lado del vencedor.

Como el duque de Otranto, Alfredo Pérez Rubalcaba (APR) resurge de nuevo en la etapa Zapatero como el único gran superviviente del felipismo. Con más fuerza, si cabe, de la que tuvo en los Gobiernos de González, en razón del papel capital jugado en la victoria del 14-M. Nuestro curita de Nantes es, en realidad, el verdadero triunfador del 14-M, un moderno Fouché, incluso en el físico, que vuelve por sus fueros aureolado por las mismas viejas virtudes de los tahúres de la política, «esos artistas de manos ágiles, palabras vacías y nervios de acero». Un maestro de esa fatalité moderne que, según Napoleón, es la política.

El malvado Rubalcaba, apelativo que le dedican no pocos compañeros de partido, no sólo encauzó la revuelta del sábado de reflexión con aquel antológico «los españoles se merecen un Gobierno que no mienta», sino que, días después, investido de su nuevo poder, criticó la desclasificación por el Ejecutivo de un par de papeles del CNI en los que queda patente el pobre servicio que la escasa inteligencia del Centro prestó al Gobierno Aznar en la crisis del 11-M. Más ayuda parece que prestó al PSOE, en general, y al propio Rubalcaba, en particular, en su labor de acoso y derribo al candidato Rajoy. En la carretera de La Coruña sigue reinando el coronel Jambrina, superviviente de los tiempos de Alonso Manglano, y Aurelio Madrigal, secretario general con Javier Calderón y ex miembro de la célula destacada en presidencia de Gobierno, a las órdenes de Roberto Dorado. En el CNI está también Ignacio Estévez, actual responsable de la división exterior, y algunos simpatizantes más de la causa PSOE.

Rubalcaba tiene amigos de sobra en la Cuesta de la Perdices para saber, al mismo tiempo que el Gobierno legítimo de la Nación, si no antes, lo que el Centro pensaba, hacía o decía en pleno arrebato del 11-M. Con la osadía propia de un Fouché, APR utilizó esa información de acuerdo con los intereses de su partido, como ya hiciera en 1995, siendo ministro de la Presidencia y portavoz del Gobierno, encabezando la negativa radical a que el CESID desclasificara, en defensa de Felipe González, los papeles de la guerra sucia contra ETA, el caso GAL (la famosa nota manuscrita de Manglano «me lo quedo: Pte. para el viernes»). Estamos, pues, ante un reconocido experto en la utilización partidaria de los servicios de inteligencia, algo que ahora debería preocupar a Rodríguez Zapatero.

También durante el año 95, y con la inestimable ayuda del ministro Belloch, APR se encargó de montar la famosa conspiración contra González. En la tarea contó con la inestimable ayuda del agit prop de Prisa, el mismo Grupo que ahora ha llevado en volandas a Zapatero a la cima del poder político, subido en la ola del terror islámico y el dolor ajeno. Porque ésta es la clave del enorme poder de nuestro moderno Fouché: su condición de go-between, de hombre de engarce, de embajador del PSOE en Prisa y de Prisa en el PSOE. ¿Quién diseñó la estrategia defensiva de González en el 95? APR. ¿Quién ha diseñado ahora la operación derribo del PP? El mismo APR. La misma técnica, idénticos apoyos mediáticos.

Diluido el resplandor de la victoria, el nuevo Gobierno se enfrenta, entre otras cuestiones no menores, a la necesidad de dar respuesta a algunas preguntas esenciales que los españoles no pueden dejar de hacerse sin renunciar a su condición de ciudadanos libres: ¿Quién está realmente detrás de la masacre de Madrid? ¿Quién es la mano negra del 11-M? Nadie puede seriamente atribuir la autoría de los atentados a la desarrapada tribu de marroquíes de Lavapiés. Puede que ellos hayan sido los autores materiales, los sicarios, pero los instigadores son otros. Detrás de la elección del 11-M como día del atentado hay mucho perverso talento, mucho conocimiento de la política española, incluso de la psicología del votante español.

Algunas fuentes dignas de crédito sugieren que detrás del 11-M se esconde un ajuste de cuentas entre servicios secretos, entre el CNI de Jorge Dezcallar y el Muhabarat, el servicio secreto iraquí de Sadam Husein. Desde este punto de vista, el 11-M sería la tercera siniestra entrega en un rosario de venganza que contaba con dos advertencias previas: el asesinato (9 de octubre de 2003) del sargento José Antonio Bernal, del CNI, a la puerta de su casa en Bagdad. Bernal llevaba tres años viviendo en Irak y ejemplificaba las estrechas relaciones existentes desde siempre entre los servicios de ambos países, mantenidas incluso al margen de los avatares de la política. ¿Por qué esta vez se rompió la cuerda? ¿Por qué el Muhabarat acusa al CNI de traición? ¿Fue sólo la invasión de Irak? Quien llamó a la puerta de Bernal era gente por él conocida. Su muerte fue la primera letra que los servicios de Sadam giraron a España.

La segunda estación de la venganza iraquí tuvo lugar el 29 de noviembre, cuando 8 agentes del CNI fueron acribillados a balazos en una emboscada tendida por agentes de Sadam. «Nos están matando; mandad helicópteros». Sobrevivió el sargento José Manuel Sánchez.Salvó la vida gracias a un beso de un clérigo iraquí, a sueldo del MI-6 británico, que presenciaba la masacre. En la primera semana de marzo, los servicios italianos alertaron de la presencia en nuestro país de un coronel de Sadam que, tras huir de Irak, habría entrado en España a través de Marruecos. La advertencia no fue atendida. La Comisaría General de Información de la DGP reprocha al CNI su ineficacia. Pero en las Perdices reaccionan con acritud: ¿Cómo podéis abrir la boca, cuando teníais pinchado a uno de los autores materiales, Jamal Zougam, en su locutorio de Lavapiés...?

¿Un ajuste de cuentas entre servicios secretos? Sólo un analista de inteligencia de extraordinaria finura es capaz de elegir el 11-M como fecha idónea, susceptible de provocar el vuelco político ocurrido en España el 14-M. El 11-M. Ni antes, ni después. «Esta ha sido una operación de inteligencia, en realidad terrorismo de Estado, ejecutada por mercenarios marroquíes». De ahí el interés de la mano negra por reivindicar inmediatamente la autoría para el fundamentalismo islámico, y la evidencia de las pistas servidas a la policía casi en bandeja.

Y la pregunta que se hacen algunos hombres del antiguo CESID: ¿Sólo los servicios secretos iraquíes? Una pregunta que nos remite al clásico quid prod est? Difícil imaginar en la ribera del Tigris o las montañas de Afganistán análisis tan fino del inconsciente colectivo hispano como para preparar ese golpe en día tan señalado.Más fácil intuirlo en un despacho a orillas del Sena. ¿Han tenido algo que ver los servicios secretos franceses, siempre en óptimas relaciones con el Muhabarat? Ahí está la posición de Aznar y del PP, contraria al nuevo reparto del poder en la UE que franceses y alemanes pretenden implantar en la futura Constitución europea.Sacando al PP del poder, se acaba la dureza española sobre el Tratado de Niza.

El caso es que la CIA está volcada en el descubrimiento de la mano negra, y otro tanto ocurre con los servicios secretos británicos.¿Consentirá el pueblo español tan brutal castigo sin tratar de descubrir, cueste lo que cueste, a los responsables finales de la matanza? Una prioridad absoluta del Gobierno Zapatero. Más que de seguridad, se trata de una cuestión de dignidad. La dignidad de un pueblo libre, al que no se le puede masacrar impunemente.

Jesús Cacho (EL MUNDO 28/03/2004)

[Ver original en EL MUNDO]





(EL CORTIJO DIGITAL, 25 de marzo de 2004)

Aznar, Iraq y el silogismo perverso

(*) ANTONIO CABRERA SALAMANCA


Uno de los argumentos más socorridos para justificar el sorprendente vuelco electoral que otorgó la victoria electoral al psóe tras los terribles atentados del 11-eme es que ha sido consecuencia del voto de castigo a José María Aznar -presidente del pepé y del Gobierno en funciones-, por habernos metido en la guerra de Iraq.

El silogismo que se ha utilizado como ariete político para derribar a Aznar y al gobierno del pepé, después de la espantosa tragedia del jueves negro, puede resumirse así: España participa en una guerra ilegítima contra el pueblo iraquí; ha ocupado su territorio por intereses económicos (petróleo) y ha causado la muerte y la destrucción entre su población. Los iraquíes tienen derecho a defenderse de esta agresión por todos los medios a su alcance. Luego está plenamente justificado que patriotas islámicos vengan a Madrid, dinamiten tres trenes de cercanías atestados de viajeros, revienten a 200 españoles y causen 1500 heridos. Corolarios. Uno) Aznar y los del pepé son unos repugnantes asesinos de iraquíes inocentes. Dos) Aznar y el pepé son los verdaderos culpables de la tragedia del 11-eme; castígales con tu voto. ¡Pásalo! Tres) No a la guerra; Paz; regreso inmediato de nuestras tropas en Iraq. Cuatro) Hay que llevar a Aznar al Tribunal Penal Internacional por genocida.

Las premisas de tan irracional y perverso silogismo del terror son notoriamente falsas. Aunque tan execrables ataques terroristas serían igualmente deleznables si hubiéramos tomado parte activa en la guerra -como sí sucedió en nuestra intervención militar en Kosovo, Afganistán o en la Guerra del Golfo durante la etapa felipista-, la realidad es que las tropas españolas fueron a Iraq después de finalizar las operaciones que condujeron al derrocamiento de Sadam Husein y el fin de su régimen tiránico. Por mucho que algunos se empeñen en buscar imposibles coartadas al terror, los militares españoles no han participado en ningún combate, ni literalmente han disparado un solo tiro en toda la guerra, ni han causado una sola baja entre la población iraquí. Por el contrario, si se quiere juzgar nuestra actuación en la guerra de Iraq, conviene recordar que la participación militar española en la posguerra se limita a misiones de pacificación, seguridad y contraterrorismo, junto a las de apoyo logístico, reconstrucción nacional y ayuda humanitaria a la población civil.

El Gobierno español ha apoyado -hasta ahora- a Estados Unidos como un aliado firme y leal en la coalición internacional contra el terrorismo, en defensa de sus propios intereses nacionales y geoestratégicos (amenaza marroquí) y en solidaridad con las seis mil víctimas de ochenta nacionalidades -también españolas- de los bárbaros ataques terroristas del fundamentalismo islámico contra las ciudades de Nueva York y de Washington el 11-ese de 2001. Atribuir a Aznar la decisión de apoyar a los Estados Unidos, es, cuando menos, una inexactitud y una injusticia política, ya que su decisión contó con el apoyo unánime del Gobierno de la nación y con el respaldo de los 186 diputados del grupo parlamentario popular en el Congreso. Respecto a las armas de destrucción masiva que nadie encontraba, han aparecido, tristemente, en las estaciones de Atocha, Sta. Eugenia y El Pozo del Tío Raimundo de Madrid.

Resulta preocupante -y muy revelador- que en las multitudinarias manifestaciones conmemorativas del primer aniversario de la guerra de Iraq, no se haya visto ni una sola pancarta condenando los bárbaros atentados terroristas perpetrados en Madrid, auténtico crimen contra la Humanidad y contra la Paz. Ni tampoco contra Al Qaeda, ni contra el fundamentalismo islámico. Y mucho menos contra ETA -víctima de la maledicencia del Gobierno- cuando la banda, como es notorio, sería incapaz de perpetrar un atentado a sangre fría tan terrible contra víctimas "inocentes". Tampoco oimos a los 32 preclaros directores del bodrio "Hay motivo" clamar justicia, ni han anunciado su disposición a hacer tan solo tres cortos sobre la inmensa tragedia que ha conmovido a España entera. Es paradójico -y significativo- que en estas manifestaciones de la “cultura contra la guerra” se siga llamando asesino -y terrorista- al presidente Aznar cuando además de sufrir en sus carnes el zarpazo del terror, es el gobernante que más y mejor ha luchado contra el terrorismo y que más ha ayudado a las víctimas. Sorprende, asimismo, que en tales manifestaciones no haya habido ni una sola imprecación, ni una sola referencia, contra los autores de la terrible masacre que ha aniquilado a 200 españoles y ha herido a otros 1.500, mientras miles de manifestantes, pancarta en mano, piden Paz. Quizá se refieran a la paz de los sepulcros.

La aceptación por la población española de tan desquiciado silogismo -inmoral, manipulador y perverso-, pondría de manifiesto la incapacidad de nuestra sociedad para afrontar los sacrificios personales y colectivos que suponen la defensa del sistema de libertades y de valores que conforman el núcleo de nuestra civilización. La renuncia a la defensa activa de los principios éticos, políticos y democráticos en los que se funda nuestra convivencia, nuestra seguridad y nuestras relaciones internacionales, revelaría nuestro grado de miseria moral y hasta qué punto hemos claudicado frente a la barbarie terrorista, vencidos por el chantaje del terror.





(EL CORTIJO DIGITAL, 17 de marzo de 2004)

¿Ha cambiado el terror el mapa político de España?
(Miseria moral y complejo democrático)

(*) ANTONIO CABRERA SALAMANCA


Terminó la campaña electoral con la tristeza enrocada en el alma. Jueves, 11-M: holocausto. 200 españoles descuartizados y 1.500 heridos. Sangre y rabia. Viernes: llanto y lluvia. Silencio. Duelo. Madrid; España; recuerdo emocionado de una nación, unida y solidaria ante el espanto. Esperanza. Sábado: estupor. Mientras Madrid aplaudía la presencia de Pujol, en Barcelona se agredía a dos políticos honrados, Rato y Piqué. Por la tarde, abyecta manifestación espontánea de miles de pacíficos y virtuosos ciudadanos contra las sedes de un partido democrático. Por la noche comparece ante los medios Pérez Rubalcaba -inolvidable ¿director general de educación? en los tiempos socialistas de la Ley de la Reforma Educativa, del BUP y del cojo "Mantecas"- y remata su jornada de reflexión ofendiendo gravemente al Gobierno. No pasa nada. Domingo 14-M, cita electoral: asombro. Cuando José María Aznar, presidente del Gobierno, acude a votar con su mujer al colegio electoral, un grupo de homínidos -a voz en cuello-, le gritan asesino. Otros -"vosotros fascistas sois los terroristas"- increpan a Rajoy. "Las bombas de Iraq estallan en Madrid", "asesinos" o "terroristas" son los nuevos lemas de campaña ante las sedes del PP. Se barrunta el cambio tranquilo. Injusticia. Miseria moral. Cobardía. Vergüenza. Asco.

En este clima transcurre el fin de semana previo a la jornada electoral. Entre acusaciones al Gobierno legítimo de la nación de mentir y de ocultar información sobre los autores de la horrenda masacre del 11-M, y hasta de haber culpado de tan monstruosos crímenes a los bravos luchadores de ETA -¡a sabiendas de su inocencia!- mientras que Otegui se queja amargamente de su asesinato político por el PP. Curiosamente, el noble afán de miles de ciudadanos por conocer toda la verdad sobre los autores de la infamia, tiende a cero después de la victoria electoral socialista. Han pasado 72 horas -una eternidad- y el jabato de Rubalcaba nos priva de su presencia ante las cámaras de televisión acosando al triste Acebes. El imperio -Prisa, la SER, El País, Iñaki, las noticias del guiñol- ya no dan más lanzadas al muerto. Atrás quedan las hipócritas acusaciones de oportunismo político que desde todos lados golpearon al partido del Gobierno. La muerte de siete militares en Iraq; la película de Medem; la entrega de los Goyas; Urdaci; el panfleto "Hay motivo"; el escandaloso culebrón Carod Rovira - ETA y hasta el éxito de la Guardia Civil por la detención de un comando etarra en Cañaveras. Todo sirve para crear el caldo de cultivo donde cristalicen las protestas contra el Gobierno. Y como telón de fondo, nuestra presencia en Iraq y el Prestige: "nunca mais"; "no a la Guerra".

Nunca he creído en los pronósticos de las encuestas de intención de voto que, como he escrito, "está sujeto al azar y a los imponderables del comportamiento humano, tan irracional a veces en la toma de decisiones", aunque reconozco su valor como expresión de una tendencia. El gran vuelco electoral que han reflejado las urnas muestra hasta qué punto son falibles las encuestas. La pregunta se impone ¿Por qué ha perdido el PP? ¿Cuáles han sido los motivos de su debacle electoral? ¿Cómo es posible que haya perdido 35 escaños en tres días? Y a la inversa, ¿Cómo ha sido posible un giro tan radical en las expectativas socialistas, ganando nada más, y nada menos, que 39 escaños?

Sin entrar en detalles, creo que el motivo es doble. De un lado las trágicas circunstancias de los días previos a las elecciones han influido enormemente en el electorado. La masacre del 11-M y sus efectos colaterales en la opinión pública -tras los titubeos iniciales del Gobierno sobre su autoría-, junto al recuerdo de la guerra de Iraq y la terrible campaña desatada por los medios afines al imperio Prisa pusieron al Gobierno literalmente contra las cuerdas. Y de ahí al fuera de combate electoral, con un Gobierno pesado, lento y sin reflejos. Sin juego de cintura, ni de piernas, para escapar del castigo. Sin confianza, ni inteligencia, ni pegada para contra atacar y noquear a su adversario.

Porque a la manifiesta torpeza del Gobierno, y del PP, durante la campaña electoral - "de baja intensidad"- se ha unido su enorme ingenuidad para gestionar la crisis tras la tragedia terrorista. Sobre la idoneidad del candidato popular también podríamos hablar. En todo caso ¿por qué no agarró Aznar el toro por los cuernos como lo hizo Bush tras la hecatombe del 11-S? Y Aznar puede y sabe hacerlo. Ante unos hechos tan terribles que conmocionaron a la nación entera ¿por qué no se retrasaron las elecciones, como se propuso incluso desde numerosos sectores de la oposición? Y más aún. ¿por qué no se honró a nuestros muertos con un solemne funeral de Estado, presidido por el Rey, como lo hicieran Bush y el alcalde de Nueva York ante las ruinas humeantes del World Trade Center? ¿por qué no exhibió Aznar su determinación, su firmeza ante el terror y su coraje como lo hiciera para condenar los alevosos atentados de Washington y Nueva York? ¿No hubiera sido posible -y necesaria- la convocatoria de una sesión extraordinaria del Congreso de los Diputados ante hechos tan dramáticos? ¿Cómo se puede poner al pie de los caballos a un hombre como Acebes, tan buena persona como sobrepasado por el cargo? ¿No había otra imagen mejor del Gobierno que la de Zaplana? En definitiva ¿Por qué tanto complejo "democrático"? ¿ha cambiado el terror el mapa político de España?





(EL CORTIJO DIGITAL, 11 de marzo de 2004)

Miserables hijos de puta(*) ANTONIO CABRERA SALAMANCA


Son las 9.30 de la mañana. A las 7.45 la fiera ha dado en Madrid tres dentelladas. Imágenes satánicas. Sangre y fuego. Metralla. Un bosque de vidas calcinadas y de hierros retorcidos en las estaciones de El Pozo, Santa Eugenia y Atocha nos espanta. Un dolor indescriptible nos inunda; las lágrimas atenazan la garganta. Indignación. Pena y rabia y furia nos embargan. La Audiencia Nacional confirma que ya son 131 los asesinados y cuatrocientos los heridos. Dolor, duelo y llanto en la capital de España. Malditos asesinos, cobardes, hijos de puta sin entrañas.

Aún ahora oigo declaraciones políticamente correctas que entonan repugnantes lamentos genéricos e hipócritas llamamientos a la paz y a la concordia. ¿Perdón, paz, concordia y diálogo con serpientes venenosas, con bestias desalmadas? Ni perdón, ni olvido, ni paz, ni diálogo, ni esperanza para estas alimañas. Vivimos nuestro 11-S. Los tibios ante el terror -que buscan comprensión o justificación a las acciones de esta jauría de apariencia humana- tienen hoy la inequívoca y trágica confirmación de que el terrorismo es un solo monstruo con mil cabezas. Aplicación de la Ley. Justicia. Que estas víctimas de ETA sean las últimas inmoladas en España. Ya no bastan las condenas. Modificación de la Ley, pena de muerte para estas alimañas.

[Ver listado provisional de muertos]
[Ver listado provisional de heridos]
[Ver publicación en COLUMNISTAS - PERIODISTA DIGITAL]
[Ver publicación en MADRID PRESS]
[Ver publicación en ESTRELLA DIGITAL]

NOTICIAS RELACIONADAS:
(03/02/2004) [11-M MASACRE EN MADRID - Especial de EL MUNDO]





Especial Elecciones Generales
14-M 2004


Candidatos, programas y mucho más...




Encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)



Encuentros de EL MUNDO






(EL CORTIJO DIGITAL, 9 de marzo de 2004)
(PERIODISTA DIGITAL, 9 de marzo de 2004)
(MADRID PRESS, 9 de marzo de 2004))
(ESTRELLA DIGITAL, 10 de marzo de 2004)


14-M: Encuestas, tendencias y matemática electoral

(*) ANTONIO CABRERA SALAMANCA


Acaban de publicarse las últimas encuestas sobre intención de voto de los españoles antes de la cita electoral del 14-M. Como suele ocurrir, sus resultados varían a medida que nos acercamos al día D. Los pronósticos, en esta ocasión, oscilan desde una muy holgada mayoría absoluta del PP en las encuestas que se publicaron hace apenas dos meses -con cerca de 10 puntos de ventaja sobre el PSOE-, a la pérdida de la mayoría absoluta -y la reducción de su ventaja sobre los socialistas a menos de cinco puntos-, en alguna de las que se han publicado hoy mismo.

Aunque lo parezca, la fiabilidad de las encuestas electorales no aumenta conforme se aproximan a la fecha de la convocatoria electoral. Confirman esta hipótesis los sondeos que se hacen a pie de urna, cuyos pronósticos rara vez coinciden con los resultados definitivos que después arrojan las urnas. Entonces ¿cómo son posibles tan grandes variaciones en la intención de voto? ¿tan frágil es el criterio del votante? Frente a la opinión de los expertos ¿será cierto que el resultado de estas encuestas refleja la capacidad de las campañas electorales para orientar el voto de los ciudadanos? En otras palabras, ¿las variaciones en los pronósticos de las sucesivas encuestas pueden medir el acierto, o el fracaso, de una campaña electoral?

Suponiendo que las encuestas están bien diseñadas y que no han sufrido ningún maquillaje partidista, la respuesta a estas preguntas no está en la ciencia estadística -puramente matemática y como tal exacta-, sino en la sociología electoral, rama tierna de las ciencias sociales como algunos la definen y, por tanto, sujeta al azar y a los imponderables del comportamiento humano, tan irracional a veces en la toma de decisiones. Por eso, la aproximación a la realidad en las encuestas de este tipo es tan aleatoria. Lo que las condena al fracaso no es un problema técnico, sino el factor humano.

No obstante, lo que los encuestados no pueden evitar es que los sondeos electorales determinen con gran fiabilidad la tendencia del voto, su variación real con el tiempo. Ahí es donde reside el verdadero interés de las encuestas sobre intención de voto. No tanto por su exactitud en valor absoluto de los resultados que avanzan -detalle imprevisible- sino porque las sucesivas encuestas miden con gran precisión -pese al factor humano-, la tendencia electoral como una variación real del voto estimado con relación al tiempo, esto es, una especie de derivada electoral que serviría como parámetro para evaluar la eficacia de una campaña electoral, cuya misión fundamental es motivar hacia el sufragio a los partidarios de la abstención y decidir el voto de los indecisos, grupos cada vez más numerosos en las sociedades del bienestar, cuyo apoyo es determinante para ganar, o perder, unas elecciones.

Por otro lado, que esa derivada resulte positiva para un partido determinado no significa necesariamente que vaya a ganar las elecciones. Solo implica que mejoran sus expectativas de voto. Así por ejemplo, ERC, con una tendencia de voto mucho mayor que el PSOE -siempre en términos de primera derivada-, nunca obtendría su número de votos. Aunque esto parezca una verdad de Perogrullo, significa que si un partido disfruta de una tendencia positiva, no es sólo cuestión de tiempo que pueda alcanzar un determinado número de escaños, por grande que sea. Supuesto que el tiempo que tardase fuera finito, haría falta, además, que las sucesivas derivadas siguieran siendo positivas. Lo que sucede en realidad es que esas derivadas van decreciendo paulatinamente a medida que aumenta el número de votos que recibe el partido, hasta hacerse nulas. En ese instante se habría alcanzado un máximo en el número de votos esperados, es decir que el partido en cuestión habría alcanzado su techo electoral.

Por eso el análisis que algunos hacen a la vista de la tendencia que reflejan las últimas encuestas no es riguroso, en tanto aseguran que el PSOE ganaría las elecciones del 14-M si tuviera suficiente tiempo por delante. Tendríamos que conocer con suficiente precisión su función derivada para saber si ha alcanzado, o no, su techo electoral. Respecto del PP la cuestión se invierte, pues actualmente las encuestas le asignan una tendencia de voto negativa. Lo que no significa, en modo alguno, que no pueda ganar las elecciones -incluso por mayoría absoluta-, ni que su tendencia no pueda mejorar si se anula su derivada, lo que supondría tocar fondo en sus expectativas de voto.

De estas especulaciones se deduce el gran interés que tienen todos los partidos por las encuestas electorales, no tanto por un presunto maquillaje de los resultados acorde con sus intereses, sino como evidentes argumentos de campaña que, a modo de feedback, utilizan todos los partidos para movilizar a los votantes todavía indecisos ante la decisiva jornada electoral del próximo 14 de marzo.

[Ver publicación en COLUMNISTAS - PERIODISTA DIGITAL]
[Ver publicación en MADRID PRESS]
[Ver publicación en ESTRELLA DIGITAL]





(EL CORTIJO DIGITAL, 2 de marzo de 2004)
(EL VIGÍA - MADRID PRESS, 2 de marzo de 2004)
(PERIODISTA DIGITAL, 2 de marzo de 2004)
(ESTRELLA DIGITAL, 3 de marzo de 2004)


Alfonso Ussía

(*) ANTONIO CABRERA SALAMANCA


Leo en Periodista Digital que la negativa de Alfonso Ussía a rectificar el texto de una de sus habituales columnas -al parecer un artículo muy crítico con los nacionalismos periféricos, titulado «El cerdo vasco»- ha sido el detonante para que el director de ABC, José Antonio Zarzalejos le haya cesado. Según ha trascendido, el cese de Ussía -uno de los más emblemáticos colaboradores del histórico diario madrileño- ha sido el último eslabón de una cadena de desencuentros con su director, aunque conociendo el temple y la personalidad de don Alfonso es más que probable que frente a cualquier intento de censura haya sido él quien haya decidido tomar las de Villadiego, como ya ocurriera cuando Luis del Olmo pretendiera que Ussía atemperase sus críticas a Arzallus desde el programa radiofónico «Protagonistas».

El cese de Alfonso Ussía no es un hecho aislado. Se inscribe en la política del Grupo Vocento, actual propietario del periódico, de liquidar cualquier referencia a lo que en el nuevo equipo rector se denomina como «el viejo ABC», asunto de la mayor importancia para José María Bergareche, consejero delegado del Grupo vasco, quien ha pedido a Zarzalejos que actúe con mano de hierro para terminar con lo que estima que son reliquias o herencias del pasado.

A estas alturas no voy a ser tan iluso como para pretender descubrirles la personalidad de Alfonso Ussía. Sería muy difícil encontrar adjetivos inéditos sobre sus múltiples cualidades humanas y literarias. O sobre su honradez intelectual, su coherencia, su luminoso sentido del humor o su valentía. Solo conozco a Ussía en el sentido bíblico del término. Pese a ello –y a mi condición de varón- ésta revelación no debe alarmarles, ni tampoco arrojar la menor sombra de duda sobre la acrisolada admiración que don Alfonso profesa por las señoras estupendas. Me refiero a que mi conocimiento de Ussía se basa, exclusivamente, en la sentencia evangélica, «por sus hechos les conoceréis».

Día tras día, a través de sus columnas en la prensa -como en sus libros e intervenciones públicas- hemos podido constatar las grandísimas dotes de Ussía como escritor y como ser humano. Como él dice a propósito de Maragall, esa es una forma muy socialista de conocimiento. En ese sentido, sirvan estas palabras como sincero homenaje a su independencia, a su trayectoria periodística y en particular a su magistral artículo «Era un chisgarabís», uno de sus últimas y polémicas columnas publicadas en ABC, donde con mano de cirujano -plena de valentía, firmeza, rigor y conocimiento- disecciona la situación en Cataluña tras el pacto tripartito y la miserable actuación de Carod-Rovira y de su socio Maragall entorno a las conversaciones con ETA.

Figuras tan relevantes e históricas en ABC como Jaime Campmany o Mingote, podrían seguir los pasos de Ussía, habida cuenta el recelo y escasa simpatía que siente hacia ellos el consejero delegado Santiago Alonso Paniagua, empeñado en limpiar lo que algunos han dado en llamar «las telarañas de ABC», aunque su marcha, junto a la de Ussía, podría significar una verdadera conmoción en el diario, tradicionalmente monárquico.

[Ver publicación en EL VIGÍA - MADRID PRESS]
[Ver publicación en COLUMNISTAS - PERIODISTA DIGITAL]
[Ver publicación en ESTRELLA DIGITAL]