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Periódico digital de la zona noroeste de la Comunidad de Madrid. Información general, articulos, opinión y actualidad municipal de Hoyo de Manzanares


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(Diario del Noroeste, 14 de agosto de 2002)
(El Semanal Digital, 19 de agosto de 2002)
(EL PAÍS, 1 de septiembre de 2002)
(Estrella Digital, 2 de septiembre de 2002)
(Cortijo Digital, 3 de febrero de 2003)
(Periodista Digital, 4 de febrero de 2003)

¿Alcaldes o sátrapas?



Urge democratizar la vida municipal. Es la gran asignatura pendiente de nuestra democracia. Sobre todo en pequeños o medianos municipios que, por su naturaleza, carecen de instrumentos eficaces para articular un efectivo control del apabullante poder municipal.

Aún son muy numerosos los alcaldes sátrapas -verdaderos mandarines-, en nuestros ayuntamientos. Vestigios medievales de un poder omnímodo establecido con la excusa de hacer frente al carácter "montaraz" o "anárquico" del español en aras de la gobernabilidad de los municipios. Alcaldes a quienes la Ley de Bases de Régimen Local –desfasada y antigua ya desde su nacimiento en 1985-, otorga poderes y atribuciones casi feudales, y cuyas prerrogativas, a mayor abundamiento, amplía y fortalece la Ley 11/99.

Frente a la libertad de expresión, que consagra el artículo 20 de nuestra Constitución y al derecho fundamental de los ciudadanos a participar en los asuntos públicos -amparado por el artículo 23 de nuestra Carta Magna-, en los ayuntamientos tropezamos, frecuentemente, con el muro del autoritarismo, cuando no con el talante dictatorial de ciertos alcaldes que, convertidos en juez y parte en los plenos corporativos, impiden la labor de control y fiscalización de los concejales de la oposición, por métodos tan expeditivos como negarles el uso de la palabra, o proceder a la expulsión del salón de Plenos de aquellos que se atrevan a contrariar sus designios.

Así es posible que un alcalde expulse de un pleno al portavoz de la oposición porque éste, en el uso de la palabra, se haya permitido afirmar en un debate sobre los presupuestos que cierto concejal del Equipo de Gobierno ha dicho una "tontería". El alcalde pontifica: "¡Ningún concejal dice tonterías!". Y expulsa, pese a no ir vestido de negro, ni llevar pantalón corto, ni silbato, al presunto infractor. En el deporte, al menos, los árbitros no pertenecen a ninguno de los equipos.

¿Se imagina alguien el revuelo si el presidente del Congreso de los Diputados hubiera expulsado a Alfonso Guerra cuando dijo aquello tan fino de que Adolfo Suárez -entonces presidente del Gobierno- era "un tahúr del Missisipi", o cuando dijo, refiriéndose a la ministra Soledad Becerril, que parecía Carlos II El Hechizado vestido de Mariquita Pérez? Los calificativos que el portavoz del PSOE, Jesús Caldera, dedica frecuentemente a los miembros del Gobierno ¿merecen su expulsión por la presidenta del Congreso? ¿Y qué decir del florido verbo con que Llamazares obsequia a sus adversarios políticos cada vez que abre la boca?

No pretendo, de ninguna manera, defender el "derecho" al insulto. Reivindico la libertad de expresión en el Pleno municipal, máximo órgano representativo, parlamentario y de debate en nuestros ayuntamientos, así como la no discriminación de los concejales frente al resto de los representantes públicos.

Estos preocupantes hechos no tienen color político. Son producto de un antidemocrático -y fraudulento- ejercicio del poder municipal. Lo triste, es que así jamás lograremos el objetivo de democratizar la política municipal. Y sin ello, el deseado traspaso de competencias de las autonomías a los ayuntamientos, además de una utopía, será un gravísimo error, de imprevisibles consecuencias.

Antonio Cabrera Salamanca. Concejal de Hoyo de Manzanares (Madrid)